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No es necesario haber crecido en un barrio o tener amigos de la cuadra para ver tu infancia en muchas viñetas de La barranca de la muerte. Tampoco es una condición haber hecho alguna travesura o haber tenido amigos incondicionales y enemigos bien caracterizados como los malos a derrotar. Si nunca hiciste una tontería para llamar la atención de la chica o el chico que te gustaba, no es grave; y tampoco si nunca te ruborizaste de infinita vergüenza. De verdad, no pasa nada si nunca pasaste una noche despierto sólo porque es divertido.

No importa lo que hiciste, hice o hicieron otros de chicos. Todos nos vamos a ver reflejados en las historias de este libro porque lo que importa es la imaginación, esa virtud super desarrollada de los tiempos de la infancia que nos permite transformar el paisaje en una película de aventuras permanente.

Lo particular del tiempo de la infancia es que a medida que crecemos permanece con forma de sueño muy vívido, pero desordenado.

La barranca de la muerte nos hace el gran favor de organizar nuestras anéctdotas de chicos. Agradezcamos, por favor de pie y con un fuerte aplauso, a Javier Velasco por tomarse ese laburo y llevarlo a cabo de la mejor manera.

La barranca de la muerte y otras historias, de Javier Velasco - Maten al mensajero (2018)
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