Ese momento crucial que implica marcar un límite que divide quiénes llegarán al podio y quiénes mirarán desde la tribuna (aún en un caso como este en el que ese podio se estira hasta seis lugares) siempre nos pone en una profunda encrucijada. Y a riesgo de seguir abundando en lugares comunes, para esta primera edición de “En la esquina de mi barrio” el gran nivel de los trabajos (que superaron holgadamente el centenar), el talento y la pasión desbordados en la enorme cantidad de páginas que inundaron esta convocatoria, hicieron aún más difícil tomar esa decisión. Y aun así, llega la instancia en que los plazos se imponen, hay diplomas que entregar, libros que imprimir, y la resolución se vuelve inevitable.
Así es como, a continuación, presentamos a lxs ganadorxs del concurso “En la esquina de mi barrio. Sobre esos lugares donde nos encontramos lxs porteñxs”.
En primer lugar, “Perspectiva subterránea”, de Oqui Paratz, nos lleva a un espacio de encuentro que muchxs transitamos a diario: el subte. Su relato nos pasea por las distintas líneas mientras repasa su historia, sus características, las problemáticas del transporte urbano, lo que nos une y nos divide en esos vagones compartidos, con un trabajo innovador en la puesta en página, un dibujo sintético y un uso narrativo del color.
En “Instrucciones para caminar por Agronomía”, el guion de Maite Diorio nos traslada a uno de los paisajes más agrestes de Buenos Aires, un lugar ideal para en encuentro, quizás, no del todo casual, y con inconfundibles ecos cortazarianos. En la faz gráfica, Lucía Martínez Mayer le da vida y color con un hermoso trabajo en acuarelas.
Le sigue, “La plaza de los perros locos”, un lugar en el límite entre Almagro y Recoleta, en el que Pato Oliver cruza a distintas generaciones de humanos (y animales), en un trabajo de gran expresividad tanto en el trazo como en el color.
Llegamos luego al barrio de Mataderos, y más específicamente “En la esquina del Cedrón”, la emblemática pizzería que Ariel López V. pone en el centro de su historia. En un marco de ciencia ficción urbana, el autor une pasado y presente, misterios y leyendas que se esconden en las calles, con una puesta en página sumamente original y un control preciso de la paleta cromática
En quinto lugar “Haciendo tiempo”, de Camila Álvarez, nos cuenta qué pasa en esos momentos en los que parece que no pasa nada, desde un barrio tan entrañable como Balvanera (“Once” para lxs amigxs). Todo con una línea inquieta y definida, y apenas algunos toques de color.
Y para cerrar, Natalia Aguerre en “El pasaje” trae un relato de resistencia, que nos demuestra hasta dónde podemos llegar cuando lxs vecinxs nos unimos, con un dibujo que recupera la espontaneidad del lápiz y una paleta vibrante que explota en cada página.
Estos seis trabajos conforman solo una pequeña muestra de la gran calidad y diversidad que tiene hoy para ofrecer la historieta argentina. Y el talento de sus artistas, que con el oído atento y el lápiz afilado nos transmiten qué tienen para contarnos las calles, las plazas, los lugares históricos de Buenos Aires. Una ciudad de mil historias.
64 págs.